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Los animales de compañía también son víctimas de violencia de género y cuando la mujer va a una casa de acogida debe prescindir de su mascota.

Ucanca tuvo que dejar la casa de acogida porque no podía tener a Lobo. Con él se instaló en una tienda de campaña
Ucanca tuvo que dejar la casa de acogida porque no podía tener a Lobo. Con él se instaló en una tienda de campaña
Gerard Zenou

Lobo y Ucanca han corrido suertes similares. Ucanca conoció a Lobo con tan solo unos meses en una playa de Tenerife. Sus dueños le habían abandonado y había sufrido malos tratos. Ucanca lo apreció de inmediato cuando observó que el perro se asustaba con solo levantar la mano de manera inocente. Ella también había vivido una experiencia similar. «No te voy a dejar en paz, ni en esta vida ni en la siguiente. Te voy a matar», recuerda que le repetía con insistencia su agresor, Joel Louis Gilbert, ahora en la cárcel. Llegó a estar encerrada durante dos semanas en una habitación atada a la pata de una cama y con la puerta cerrada con llave. Ucanca no olvida el día en que su maltratador llegó a casa bebido y la emprendió a golpes con ella después de desencajar la puerta de un armario. «No contento con atacarme, se abalanzó sobre mi perro y le arrancó parte de una oreja de un mordisco. ‘‘O vienes o a Lobo le va a pasar algo’’», la amenazaba.

Ucanca huyó de su maltratador junto a su perro y su gata Suri –que luego murió envenada por su ex pareja después de que suministrara al animal su propio medicamento para tratar la bipolaridad–, pero en el momento que se le abrieron las puertas de una casa de acogida, se cerraban para sus mascotas, ya que no estaba permitida la entrada de animales. «Mi perro ha sido maltratado al igual que yo. Mi pareja le pegaba como un mecanismo para controlarme y para hacerme daño. Cuando el animal percibía situaciones de tensión en la casa, se escondía detrás de mí, pero recuerdo con horror el momento en el que busqué ayuda y me dijeron que había solo hueco para mí en la casa de acogida, pero no para mi perro. ‘‘Es un animal, quien se tiene que poner a salvo eres tú’’», lamenta Ucanca que le decían, pero «él es mi familia, mi bebé, todo lo que tengo. Con él he compartido todos los malos momentos que he padecido, como el tiempo que estuve viviendo en un coche, con él me siento acompañada y segura. La única opción que me daba la Administración era que le llevara a una perrera o que me buscara la vida. Le llevé a casa de unos amigos, pero no comía, estaba triste, había sido maltratado, como yo». Así que optó por abandonar la casa de acogida y vivir en una tienda de campaña. El caso de Ucanca ha supuesto el punto de partida para exigir que se ofrezca una solución a las mujeres que deben entrar en una casa de acogida, tienen mascotas y no se les permite su compañía. La petición, impulsada por el Observatorio de Violencia hacia los Animales y el programa Viopet cuenta ya con más de 7.000 firmas en la plataforma Change.org.

«Algunos estudios demuestran que entre el 25 y el 54% de las mujeres maltratadas no son capaces de dejar una situación de violencia a causa de la preocupación por sus animales de compañía. A eso se añade que el 71% de las que acudieron a una casa de acogida y tenían un animal referían que su agresor lo había herido, amenazado o matado como venganza o para ejercer control psicológico, las víctimas identifican el maltrato hacia sus perros o gatos como un episodio más en la larga lista de violencia indiscriminada contra ellas», explica Nuria Querol, especialista en violencia criminalística y asesora del FBI en maltrato animal.

Querol considera que ninguna víctima debería escoger entre su seguridad y la de su animal, por eso creó el programa Viopet, que ofrece colaboración para dar una opción a las víctimas que garantice la seguridad de ésta y su animal y así evitar la victimización institucional.

De hecho, el Observatorio de Violencia hacia los animales y el Programa Viopet han solicitado al Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad que «se tenga en cuenta el vínculo humano-animal en la valoración de los casos de manera protocolizada y sistemática a la par que se ofrezca un recurso de acogida para los animales y se garantice la seguridad de éstos y de las víctimas de violencia y sus hijos». Querol asegura que ya hay cuerpos policiales, como la Policía Local de Polinyà, Uproma (Policía Local de Castellón), la de Fuenlabrada o la de Torres de la Alameda que ya han incorporado el maltrato animal en las valoraciones de los casos de violencia de género y ofrecen el recurso de la acogida en protectoras para el animal de compañía, a través de Viopet.

De momento, ya hay ayuntamientos, como el de Arrecife, San Cugat y Zaragoza, que están incluyendo en sus protocolos de actuación con víctimas de violencia de género opciones para que no tengan que abandonar a sus mascotas. «En los pisos de acogida no se permite la opción de tener animales, pero en los tutelados (los de primera asistencia) se autoriza, siempre y cuando no estén compartidos por otra víctima; también se permite enlos alquileres de renta social», explica un portavoz del Ayuntamiento de Zaragoza.

En EE UU, 31 estados permiten a los jueces incluir a las mascotas en las órdenes de protección. Las casas de acogida de mujeres trabajan en colaboración con las protectoras para proporcionar cuidado a los animales y, en ocasiones, en los mismos sitios donde residen las maltratadas.

Leer más:  «Mi maltratador pegaba a mi perro para hacerme daño»  http://www.larazon.es/sociedad/mi-maltratador-pegaba-a-mi-perro-para-hacerme-dano-JO14928375?sky=Sky-Abril-2017#Ttt1XPQjGKkfNtkX
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